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obsolescencia_programada

Estamos de acuerdo en que todo aparato electrónico tiene una duración, un tiempo de vida útil, después del cual deja de funcionar. Lo que no es tan normal es que esa duración venga ya impuesta y determinada desde su fabricación, para obligarnos a comprar un nuevo producto en un corto espacio de tiempo. Eso es la obsolescencia programada.

Por fin se empieza a poner lógica a algo que carecía totalmente de ella. Francia ha aprobado que establecer una duración determinada de un producto por un fabricante, o dicho de otra forma, la temida obsolescencia programada, se puede castigar penalmente con penas de prisión de dos años y multa de hasta 300.000 euros, que se añadiría a otras ya integradas en la Ley de Consumo.

La introducción del castigo penal para esta práctica se debe a una enmienda de Los Verdes (grupo político francés muy involucrado en este tema) en el proyecto de ley de la transición energética, que considera la obsolescencia realizada premeditadamente un engaño y un fraude, además de ser muy dañina para el medio ambiente y la sostenibilidad.

Se exige su prohibición en toda Europa

Esta decisión ha hecho saltar el debate a toda la Unión Europea. El próximo 17 de octubre, el Comité Social y Económico Europeo organiza una mesa redonda sobre el tema, que espera crear la presión necesaria sobre la Comisión Europea para que se castigue esta práctica. En octubre del año pasado ya se hizo una llamada a la prohibición total de la obsolescencia programada durante un pleno.

“La nueva economía colaborativa es de bienes duraderos, no perecederos”

En un estudio del Consejo Social y Económico, Alejando Salcedo Aznal, experto en políticas públicas de consumo, deja claro que la expansión de la nueva economía colaborativa de uso compartido, la que es realmente sostenible, necesita para su viabilidad el tránsito de un sociedad industrial de bienes perecederos a otra de bienes duraderos, eliminando de una vez por todas la obsolescencia programada, y tratando también de luchar contra la obsolescencia “psicológica”, que es la que marca al consumidor con la implantación de modas.

Entre las medidas que se exigen para combatir la obsolescencia programada se encuentran aumentos en los plazos de garantía, fomento del alquiler en lugar de la compra, exigencia de piezas de recambio para periodos muy largos y reducción de costes de reparación, estandarización de algunos productos (como por ejemplo, los ya reglamentados cargadores de móviles), entre otras.

Francia ha dado el primer paso, aunque esta batalla puede durar años. Habrá que ver lo que se dice el próximo 17 de octubre en el resto de Europa.